HABLAR DE DIOS, EN TIEMPOS DE ENERGIAS Y CHAKRAS
Por empezar quiero decir algo claro: hablar de Dios no me hace más santa, ni más sabia, ni más nada.
Me hace humana. Me hace alguien que cuestiona, que busca, que se pierde, se equivoca, que cambia de opinión. Aquí no hay verdades absolutas, ni formulas, ni imposiciones. No hay sermones, tampoco hay religión. Solo hay una experiencia de vida que deseo compartir. Aquí está mi verdad, que puede ser muy distinta a la tuya y me parece perfecto y respetable.
Siento que compartir lo que nos hace bien es un acto necesario, una manera de propagar lo positivo que la vida nos ofrece, casi como si se tratara de una responsabilidad hacia los demás y hacia la vida.
No venimos a este mundo solo para compartir chismes, hablar del clima, de Netflix, y de farándula.
Mamá, si lees esto, perdóname: ahora te entiendo.
En mi adolescencia me sentía la oveja negra de la casa y mi rebeldía estaba a la orden del día. Si alguien me decía algo en concreto, necesitaba analizarlo por mí misma antes de aceptarlo.
Mi carácter nunca fue fácil de moldear, y eso tiene sus pro y sus contra, depende desde dónde se mire. De ahí mi relación con Dios: una montaña rusa de emociones: curiosidad, miedo, culpa, inquietud, preguntas sin respuestas, ego, vacíos, hambre de algo más.
Mi búsqueda nació de una profunda desconexión con la vida, donde nada, ni nadie me saciaba.
No veía con claridad: observaba al humano, juzgaba, me hacían de espejo, y me alejaba cada vez más. No lograba una conexión real.
Deseaba conocer a ese Dios que tanto hablaban. Pero solo veía contradicciones y apariencias.
El propósito de este viaje era atreverme a adentrarme en mis sombras.
Me daba cierto pánico lo que fuera a encontrar allí, y sentía una necesidad urgente de enfrentar ese miedo para poder avanzar.
Surgió en mí una pasión interminable por el desarrollo personal, la evolución del alma, el amor proprio, la compasión, el perdón, la espiritualidad.
Cuando algo cambia adentro, todo lo externo también cambia: las amistades, los hábitos, al ambiente familiar y sobretodo tu percepción de la vida.
Ademas llevas cargando con etiquetas guardadas en el bolsillo por mucho tiempo; la mayoría de ellas te las pusieron otros, algunas te las pusiste tú con la misma convicción, y desprenderse de ellas no es nada fácil.
Bien se sabe que todo viaje interno conlleva mucho dolor:
te miras al espejo casi por primera vez, observas tus sombras, tus heridas, tus traumas; vives profundas crisis existenciales, sueltas, te perdonas, perdonas a los demás, haces paces con el pasado, reconectas con tu niñ@ interior...
Y poco a poco todo lo que has vivido hasta ahora empieza a tener sentido.
Entiendes por qué eres como eres, y por qué los demás son como son.
Ya no juzgas como solías hacer, ni te juzgas a ti mismo. Observas que hay detrás, y miras el mundo con otros ojos. Unos ojos más compasivos y menos críticos.
Ese despertar espiritual es muy heavy y es un trabajo de toda la vida. Pero hay etapas que duelen más, etapas que valen por todo lo que enseñan, aunque nazcan del sufrimiento. Son etapas oscuras, necesarias, sagradas. Por eso San Juan de la Cruz, poeta español, lo llamó: "atravesar la noche oscura del alma".
Como un susurro ligero, delicado y a la vez tan abrazador que no se puede describir en palabras.
Jamas había sentido tanto amor y quietud, tanta certeza, tanta paz.
No quedaba nada de ese Dios etiquetado por todos, lejano y ajeno a mí.
A este Dios yo le hablo como si lo tuviera de frente, sin tanto preámbulo, porque es mi Dios. Me escucha y siempre me responde: !a mí¡, que soy solo una mota de polvo flotando en el aire en comparación con su majestuosidad.
Lo encontré en el silencio, un silencio que no pretendía nada más que sentir.
Deje de cuestionarlo, y me enfoque en sentirlo. Yo que solo juzgaba la apariencia, yo, que solo pretendía repuestas claras, que quería saberlo todo, a pesar de ser solo esa mota de polvo en comparación con el universo.
No pude resistirme a su amor.
Si eres una persona escéptica como yo, pero de alguna manera, estas palabras te removieron algo. Te invito a examinar el concepto que tienes de Dios, a mirarlo desde otra perspectiva.
Tal vez no sea como te lo contaron.
Tal vez no sea castigo.
Tal vez no sea religión.
Tal vez sea mucho más...
Gracias por llegar hasta aquí 💗.
👉Si este articulo te gustó: compártelo. Quizás llegue justo a quien hoy lo necesita.
Si te apetece, invítame a un cafecito ☕, un pequeño gesto es un gran impulso para que susurrosymargaritas siga creciendo. Haz click en: Un cafecito.
TE ABRAZO FUERTE 💟
Heidy Johanna Enciso Daza


Comentarios
Publicar un comentario